MODAS TELEVISIVAS. Médicos y Hospitales
Servidor de ustedes, que en otro artículo se declaró cinéfilo y ofreció razones y justificaciones, no acostumbra a mirar la llamada “caja tonta” (mayormente si está apagada), pero harto y aito de oír hablar a compañeros de trabajo y no pocos amigos sobre ciertas series televisivas a las que están más enganchados que un ex-yonki a la metadona, he optado, esta última semana, por hacer un repaso, una intrusión al mundo catódico y plasmático. No me las tragado todas, sólo lo justo para opinar. Además, como lo que aquí prima es hacer un diagnóstico pseudo-profesional (estoy empezando el A-B-C de crítico de todo género, aunque me gusta especialmente ensañarme con el audiovisual), he pasado de visionar el invisionable género intitulado “culebrón” (de audiencia eminentemente femenina y en estado de “recesión” -para el gobierno la palabra “crisis es políticamente incorrecta”-), para centrarme en las series de las que mis próximos no dejan de hablar. Quiero conocer. Soy licenciado en Filosofía (perdonen la auténtica inmodestia) y por lo tanto picado de nacimiento, por la dichosa y caprichosa avispa de la curiosidad (¡y con lo bien que se está en la inopia!).
Al grano. Ahora las series que triunfan son de medicina, doctores “malfollados”, hospitales, médicos, enfermedades y prodigiosas curaciones para cánceres terminales. Me he documentado en las pàginas ulteriores de los diarios, que es dónde dan la programación televisiva, y así las he podido localizar (jamás antes había visto una). Conclusión preliminar: Es una epidemia, una pandemia. En los 80 triunfaban las series de detectives. La cosa ha derivado al campo galeno. Me he encontrado con un contingente de ficción pseudomédico-televisiva que me hace pensar que pueda haber un Lobby de Universidades o facultades con merma de matrículas y que subvencionan a estas series para recaptar más vocaciones, y de paso, dividendos.
Pero esta sola primera hipótesis (como soy la ostia en vinagre), ya me lleva directamente a una conclusión (en contra de las leyes de la lógica, pero a favor de las de la intuición. Y lo único que tengo de femenino es la intuición). Mas bien dicho, mis primeros visionados de tales teleseries me llevaron a observar y comprovar un evidente efecto colateral que ya venía sufriendo en mis carnes y mis sienes desde meses atrás. Se ha dicho, cambiando de tercio, que en España hay tantos entrenadores nacionales como aficionados al futbol.
Pues bien, advierto, declaro y juro, que el colectivo médico (merced a estas teleseries) se ha cuatriplicado (con el consiguiente delito de intrusismo profesional).
Gracias a Teleseries como la del simpático “Doctor House” (la que más triunfa), “Tres Libras”, “Urgencias” (la serie, de George Clooney que inauguró el género), “Anatomía de Grey” o la española “Hospital Central”, los televidentes con fe ciega en todo lo que ven, se creen absueltos de 6 o 7 años de medicina y con potestad para diagnosticar cualquier mínimo presunto síntoma que uno de a conocer (es entonces cuando dices “¿Porqué no me habré mordido la lengua?”). Es decir:
Si tienes la típica jaqueca de toda la vida, el compañero teleadicto te diagnostica un “tumor cerebral” (además, posiblemente maligno). Si te has hecho una heridita por un roce con una pared (pongamos), tienes sin duda “dermonecrosis”. Si te embriagas y te da por descansar, estás en “coma etílico”. Si te sale una inocente espinilla, tienes un “dermatofibroma” de los que hay que ir con ojo. Y si te olvidas de algo y lo pides al compañero teleadícto a las series de hospitales, no hay duda: “Alzheimer precoz”. Una pequeña dolencia en la rodilla por un inocente golpe (si es que se te ocurre comentarlo), es una rotura de ligamentos cruzados. Si tienes un eventual dolor de barriga el diagnóstico es infalible:: “Cancer de colon”. Si te has puesto mercromina en una ridícula fisura cutànea, tus amigos flipados por “Dr. House” y demás series, te vatizarán inminente cangrena incurable seguida de la inevitable amputación del miembro (según ellos, cuanto más te corten, mejor. Ya se sabe, es mejor prevenir). Y lo peor es que creen lo que dicen. Pero en el bachillerato, que es donde se quedaron, nunca supieron distinguir la función de los glóbulos rojos y los blancos. Y la mayoría, en esta obsesión filantrópica por los demás, jamás fueron vacunado de ténanos.
Desde que han empezado a emitir estas series, el número de hipocondríacos y el de usurpadores del título de Dr. en Medicina, se ha quintuplicado. Lo que cuenta, es enganchar al espectador, mantener la cuota de pantalla, y engrosar la lista de pacientes a los médicos normales. A mi, estos pseudoexpertos, ni plim. Total, tampoco hago caso a los médicos.































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